1. - IDENTIDAD DE UN COLEGIO MISERICORDISTA

" Nuestros Colegios y nuestras Obras son medios educativos de inspiración católica, de tal manera que los valores evangélicos serán transmitidos con toda libertad y vividos en sus expresiones concretas. La Catequesis, así como la pastoral escolar, tendrán necesariamente un lugar privilegiado y se respetarán las directrices diocesanas en la materia ....

... El carisma de misericordia de la Congregación deberá ser conservado como una joya preciosa de nuestras obras; este carisma se expresará y se concretará en una atención especial a los jóvenes en sus necesidades. Toda la Comunidad educativa será sensibilizada en este sentido" (Carta - Comunicado del Hermano Omer Beaulieu, Sup. Gen.).

Nuestra Obra Educativa, en el ejercicio de la libertad de enseñanza y dentro del pluralismo existente en el modo de concebir el hecho educativo y a la misma persona humana, se reafirma desde sus comienzos como colegio católico y misericordista.

En su carácter de colegio católico, ofrecerá a sus alumnos "un ambiente iluminado por la fe y animado por el espíritu evangélico de caridad y libertad" (Gaudium et spes, 38). La educación impartida estará inspirada en los valores de la persona humana como centro dinámico del orden social, de la justicia, la libertad, la paz, así como de cuantos valores propugna el mensaje salvador de Jesús. La enseñanza se adecuará a las directrices de la Iglesia Católica en general, y de la Iglesia Diocesana en particular, considerada como la Comunidad Cristiana Local más próxima y a la que necesariamente habrá que hacer referencia.

Se ofrecerá una educación integral y armónica del alumno/a, buscando la formación de una persona atenta a los valores del espíritu, en sintonía con una sociedad en búsqueda, comprometida con una Iglesia cuya opción preferencial son los pobres, preocupada por toda situación de injusticia y de marginalidad que la rodea, solidaria con las personas que sufren por una u otra causa.

A través de la enseñanza y de la educación, se buscará que el alumno/a llegue a una síntesis entre la fe y la ciencia, entre una cultura humanista y científica; de tal manera que se llegue a un espíritu crítico y, más aún, a un humanismo cristiano.

Como colegio misericordista, la tarea educativa y formativa se alimentará del espíritu y del carisma del Monseñor Víctor Scheppers, fundador de la Congregación de los Hermanos de Nuestra Señora de la Misericordia. Este espíritu ha quedado sintetizado en su lema: " A Dios el honor; el trabajo para mí; el provecho para el prójimo".

Asimismo, el nombre de la Congregación de "Hermanos de Nuestra Señora de la Misericordia" anima a una actitud misericordista que consiste en darse de todo corazón al mísero y al pobré. Este espíritu obliga a los colegios y obras misericordistas a "quedar al servicio del lugar o barrio en donde estén enclavados... Principio que será tenido en cuenta a la hora de inscribir a los alumnos y de fijar las cuotas".


2. - OBJETIVOS DE LA EDUCACIÓN DE UN COLEGIO MISERICORDISTA.

Asumiendo los objetivos del Episcopado Latinoamericano, y confrontándolos con el objetivo general del Monseñor Víctor Scheppers que animaba a los alumnos a "crecer en la virtud, amar a la Iglesia y servir a la sociedad", se puede decir que los objetivos de nuestra formación misericordista son los siguientes:

  • Humanizar y personalizar al hombre, logrando que desarrolle plenamente su pensamiento y su libertad.
  • Integrar al alumno/a a la realidad social latinoamericana impregnada por una cultura profundamente cristiana en la que, sin embargo, coexisten valores y antivalores, luces y sombras.
  • Recrear permanentemente las pautas culturales y las normas de interacción social de modo que se posibilite la formación de una nueva sociedad, verdaderamente participativa y fraterna.
  • Convertir al educando en sujeto activo, no sólo de su propio desarrollo, sino también al al servicio del desarrollo de la comunidad: educación para el servicio. (Cf. Puebla 1025-1026).
  • Formar los corazones de los jóvenes en la fe y en la práctica de buenas obras, fomentando en ellos hábitos que reflejen en su ser y en su actuar un espíritu de humildad, de servicio y de amor por la verdad.
  • Estimular una actitud responsable hacia la Comunidad Eclesial y la Sociedad Civil.
  • Proveer a los alumnos de una sólida formación profesional, en consonacia con su edad y su condición, y que les facilite la inserción en la vida laboral y social.
  • Inculcar en el corazón de los jóvenes una profunda y tierna devoción a la Virgen María. (Posito. Vol 1 Pág. 318).

3.- ESTILO EDUCATIVO DE UN COLEGIO MISERICORDISTA.

Del estudio de los escritos del Monseñor Víctor Scheppers, así como la pedagogía que los Hermanos han desarrollado a lo largo de su historia, se desprenden algunos rasgos característicos que han creado com un estilo misericordista en la educación. Estos rasgos se pueden sintetizar en los puntos siguientes:

  • Presencia y disponibilidad constantes entre los jóvenes. Con ellas se asegura tanto el seguimiento del alumno, como el estímulo de superación individual. Al mismo tiempo facilitan la animación del grupo consiguen el importante principio educativo de preveer, antes que curar. Orden y la disciplina: el educador sabe que éstos son los mejores medios para alcanzar los fines de una buena educación (Positio Vol.1, pág. 322). A ellos contribuyen los pequeños detalles presentes en su estilo de lleva el grupo.
  • Firmeza y, a la vez, dulzura en el trato con las personas. El aprendizaje y la formación requieren del joven un esfuerzo continuo que, a la vez, templa su espíritu y le forma como persona. Por ello el educador misericordista motiva, sostiene y exige dicho esfuerzo sin condescencias fáciles. Esta firmeza, por sí sola, garantiza la autoridad, pero impide ganar el corazón. Por ello el educador unirá a esta característica la dulzura: juntas, la firmeza y la dulzura ganarán los corazones y asegurarán la autoridad (Positio Vol.1, pág. 328).
  • Afecto en el trato con todos los jóvene, sin preferencias hacia los más dóciles, inteligentes o afectuosos, y sin descuidar a los más difíciles, groseros y torpes. Al contrario, éstos últimos necesitarán más amor y dedicación (Positio Vol.1, pág. 328).
  • Espíritu crítico: en nuestro estilo educativo, favorecemos el análisis crítico del mundo y la sociedad, capacitando para el discernimiento y la toma de decisiones, buscando incorporar técnicas de aprendizaje antes que una acumulación de contenidos.
  • La preocupación por ofrecer respuestas a las inquietudes personales humanas y religiosas, creando espacios de interioridad, de oración y celebración, como medios que expresen y vivencien nuestra comunión con el Señor y nuestro sentido eclesial. De este modo damos la merecida importancia a la formación cristiana, cooperando a la acción de la Iglesia en el anuncio explícito de la fe y de la moral.
  • En otro orden de cosas, nuestro estilo promoverá la corresponsabilidad de todos los agentes educativos, cada cual aportando, desde su función específica, lo mejor de sí en lo que se refiere a las ideas y al trabajo personal.

4.- LOS ALUMNOS.

Los alumnos, como sujetos responsables de su propia formación, deben ser en muchos aspectos los protagonistas de todo el proceso educativo. Este protagonismo se concreta en una forma de actuar del educador y de la Institución.

1. El educador:

  • Se hace cercano al alumno considerándole, ante todo, una persona con derechos, inquietudes, sentimientos y peculiaridades propias.
  • Busca los intereses del alumno en toda su labor educativa, orientándole hacia su desarrollo, maduración y superación.
  • Tiene una preocupación constante para formarles intelectual, social y religiosamente, atendiendo en forma particular a los que presentan más dificultades.

2. La Institución escolar:

  • Promueve cauces de participación de los alumnos, fomentando toda iniciativa de compromiso y de animación que tienda a una mejor convivencia, a la justucua social y a la paz.
  • Brinda a los alumnos la posibilidad de alcanzar los valores trascendentes, de hacer opciones de fe en Jesús, de ser iluminados en sus vidas por el Evangelio.

Desde la libertad y el mayor respeto a las convicciones de cada uno, les ofrece un ideal de hombre con unas características evangélicas y misericordistas bien definidas:

  • a.- Una persona en constante formación y maduración (física, afectiva, social, intelectual, ética, trascendente,...).
  • b.- Una persona crítica que, desde unos valores cristianos, reflexiona y cuestiona la realidad en la que está viviendo.
  • c.- Una persona social y, más aún, comunitaria, que esté dispuesta a la colaboración y a la participación generosa en la realidad social.
  • d.- Una persona que acepta a su historia personal y familiar, la historia de su pueblo y, desde sus raíces, busca un cambio positivo, comprometiéndose personalmente.
  • e.- Una persona creyente que haya encontrado en Jesús ese mensaje de amor misericordioso que puede dar sentido a su vida y a su obrar.

El alumno que frecuenta una Institución misericordista acepta, según su grado de libertad y responsabilidad que depende fundamentalmente de su edad, este modelo de hombre, y busca su realización en una síntesis entre fe y cultura, en una entrega personal y una superación constante.


5.- LOS PADRES.

  • La Comunidad Educativa Misericordista reconoce en los padres el protagonismo propio por ser los principales responsables de la formación y educación de sus hijos, al mismo tiempo que agradece la confianza que ellos depositan en nosotros y en el modelo de educación que les brindamos como responsables subsidiarios.
  • Al inscribir a su hijo en una institución misericordista, los padres están aceptando su Ideario así como su Proyecto Institucional, comprometiéndose a colaborar para llevarlos a cabo.
  • Los padres ejercerán su derecho de ser los primeros responsables de la educación de sus hijos participando de la vida de la Comunidad Educativa a través de los causes apropiados y en coherencia con el Ideario. El cauce fundamental para esta participación será la Asociación de Padres, a la que, tanto por derecho y como por obligación moral, formarán parte y desde la que trabajarán armónicamente en todos aquellos aspectos de la vida institucional qu les sean propios, respetando los roles de cada miembro de la Comunidad Educativa, así como las directivas generales. En particular, la Asociación:
    1. Podrá formular sugerencias, proponer planes y formar comisiones de las actividades que funcionan o pueden funcionar en el colegio (deportivo, religioso, cultural, de fiestas, y de asistencia social).
    2. Podrá arbitrar fórmulas y medios oportunos para facilitar el acceso al estudio a los alumnos más necesitados económicamente.
  • Todos los padres que confíen a sus hijos a una institución misericordista considerarán como un deber:
    1. Realizar un seguimiento constante del hijo, en el que se una la firmeza y la dulzura propias de la educación misericordista.
    2. Transmitir en la familia esos mismos valores cristianos y misericordistas que se intenta dar en el colegio.
    3. Participar en la vida del asistiendo de forma regular y activamente a las reuniones programadas o convocadas por la Dirección o Asociación de Padres.
    4. Colaborar y trabajar por la integración de toda la Comunidad Educativa.